Tras el temporal: CEAZA analiza el megaevento de precipitaciones ocurrido entre el 16 y el 21 de julio

Análisis científico del megaevento de precipitación 16-21 julio 2026

Autor: Dr. Cristian Muñoz, modelador estadístico de Geociencias del Centro Científico CEAZA

Entre los días 16 y 21 de julio de 2026 ocurrió el megaevento de precipitación más importante en la región de Coquimbo en al menos los últimos 41 años. En las siguientes líneas se describe la dinámica del megaevento y su contexto de gran escala, así como algunos impactos asociados. 

El contexto de escala sinóptica

Los seis días consecutivos con precipitación en la región de Coquimbo tuvieron su origen en una seguidilla de sistemas frontales que llegaron a la región (Fig. 1). Estos sistemas frontales se formaron sobre el océano Pacífico suroriental, en una región donde existió una angosta franja con una importante diferencia de temperatura entre sus lados sur (aire frío) y norte (aire cálido). Tal diferencia de temperatura, exacerbada por el calentamiento en la banda tropical, estuvo asociada a viento muy intenso en la alta tropósfera (a unos 8 km de altura) conocido como la “corriente en chorro”, la cual separa los márgenes de aire frío y cálido, y que cruzó todo el Pacífico sur hasta sobre la costa del norte chico de Chile.

Fig. 1: Situación sinóptica asociada al megaevento de precipitación en la región de Coquimbo, en donde se destacan los cuatro sistemas frontales que llegaron a la región junto con sus días de afectación y otros rasgos descritos en el texto. La imagen corresponde a las 08:00 hrs del jueves 16 de julio de 2026. La región de Coquimbo se destaca con el rectángulo verde. Adaptada desde carta sinóptica elaborada por la Dirección Meteorológica de Chile.

A diferencia de los sistemas frontales que pasaron por Chile antes de este megaevento, la seguidilla de sistemas frontales no pasó por su trayectoria habitual hacia el sur de Chile. Esto se debió a que al oeste de la península Antártica se formó una zona persistente de alta presión atmosférica, denominada “bloqueo”, que permitió exacerbar aún más el contraste térmico con latitudes tropicales al transportar aire frío en su margen oriental y, por otro lado, desviar la trayectoria de las tormentas hacia el norte. Lo anterior, sumado a un Anticiclón subtropical debilitado y desplazado hacia afuera de la costa chilena, permitió que los sistemas frontales no tuvieran oposición para llegar a la región de Coquimbo.

El contexto de gran escala: forzantes remotos

La formación de este bloqueo obedeció a la propagación de una onda planetaria impulsada desde el oeste de Australia y que se propagó por altas latitudes (Fig. 2). Por otra parte, la convección profunda en la zona de la fase 8 de la Oscilación de Madden – Julian (MJO) perturbó la atmósfera y gatilló la propagación de otra onda la cual, superpuesta con la onda excitada en asociación a la convección profunda sobre el Pacífico central ecuatorial en respuesta a la temperatura superficial del mar muy por sobre el promedio como parte de la fase El Niño, favoreció el desarrollo de los sistemas frontales que terminaron llegando a la región y al resto de la zona central de Chile. Así, la propagación de estas ondas resultó en áreas de alta y baja presión atmosférica que se distribuyeron alternadamente en la tropósfera alta desde latitudes tropicales hacia altas latitudes, siendo así posible identificar los nodos asociados al bloqueo sobre el oeste de la península Antártica (alta presión) y al desarrollo de los sistemas frontales costa afuera de la zona central de Chile (baja presión).

Fig. 2: Mapa de propagación de ondas planetarias que dieron origen al megaevento de precipitaciones en la región de Coquimbo. Tonos azulados indican áreas en donde estuvo favorecido el desarrollo de convección profunda, vinculados principalmente a una MJO en fase 8 y a la actual fase El Niño en el Pacífico central ecuatorial. Flechas indican la dirección de la propagación, alternando nodos de alta presión (A) y de baja presión (B) en la alta tropósfera, algunos de los cuales se asocian al bloqueo y al desarrollo de los sistemas frontales. Imagen adaptada desde la Agencia Meteorológica Japonesa (JMA).

Adicionalmente, la actividad convectiva intensificada en la banda tropical ha permitido aumentar la cantidad de vapor de agua que es arrastrada por los sistemas frontales en su camino hacia la zona central de Chile, configurándose así la llegada de un “río atmosférico” de categoría 4 en el momento de llegar a la región, la que se asocia a un transporte de vapor de agua de tal magnitud y persistencia que, incluso tres días antes del inicio del megaevento, se pronosticaba que tenía el potencial de tener un alto impacto (Fig. 3). Efectivamente, este megaevento desarrollado bajo condiciones favorables a la precipitación en Chile central, se posiciona como el más importante en términos de acumulación en al menos los últimos 41 años (Fig. 4).

Fig. 3: (Izquierda) Pronóstico de precipitación acumulada entre los días 14 y 20 de julio 2026 (sombreado) y máxima categoría de río atmosférico (RA) a lo largo de la costa (puntos coloreados). (Derecha) Evolución del nivel de la isoterma cero y del transporte de vapor de agua durante el megaevento en La Serena, identificando la temporalidad en la que RA alcanza la categoría 4. Figuras en base a simulación GFS inicializada a las 20:00 hrs del 13 de julio, elaboradas por el Instituto Argentino de Nivología y Glaciología (IANIGLA) .

La llegada de este río atmosférico con una orientación principal desde norte a sur a lo largo de la costa favoreció que el nivel de la isoterma cero durante el megaevento se mantuviera por debajo de los 3000 m en la región, permitiendo así la acumulación de nieve en la cordillera.

Fig. 4: (Izquierda) Histograma de probabilidad de ocurrencia de montos de precipitación acumulados en seis días en La Serena, destacando megaeventos más importantes. La línea roja representa ajuste según distribución Gamma. (Derecha) Probabilidad de no excedencia de montos de precipitación acumulados en seis días de acuerdo al ajuste. Diagramas elaborados a partir de precipitación diaria en el aeródromo de La Florida entre 1985 y 2025, registrada por la Dirección Meteorológica de Chile.  

Los impactos del megaevento y proyección hacia el futuro

Las precipitaciones asociadas a este megaevento han sido de tal magnitud que en varios puntos de la región la cantidad de agua caída durante estos seis días ha más que duplicado el total anual climatológico (es decir, el total anual promedio entre 1991 y 2020). Esto explica la activación de quebradas y daños en la infraestructura vial en respuesta a la precipitación sobre suelo semiárido que tras las primeras horas del megaevento ya se encontraba saturado. No obstante lo anterior, uno de los aspectos positivos de este megaevento fue la recarga de embalses, en cuanto la capacidad regional embalsada pasó desde 10% a principios de mes a 39%, dándose los mayores incrementos porcentuales en los embalses Recoleta (+90%), Cogotí (+68%) y Culimo (+65%). Estas cifras, sumadas a la cantidad de agua equivalente almacenada en la nieve caída, permiten dar un respiro a la actual sequía pensando en la próxima temporada seca. 

Sin embargo, la desertificación de la región asociada al cambio climático es un proceso que se estima que continuará durante los próximos años, lo que, sumado a las proyecciones de que este tipo de megaeventos serían más frecuentes hacia el futuro, hace necesario mantenerse preparados para afrontar este tipo de amenazas y al mismo tiempo, continuar con la gestión cautelosa de los recursos hídricos.