El meteorólogo de CEAZA, Tomás Caballero, señala que “se pronostican temperaturas máximas por sobre lo normal para la época del año durante el día sábado 28 de febrero en valles interiores de la región de Coquimbo. Las temperaturas más elevadas se registrarían en las provincias de Limarí y Choapa, donde los valores podrían alcanzar hasta 34 °C durante la tarde. En la provincia de Elqui, particularmente en la localidad de Vicuña, se estiman máximas en torno a 33 °C.”
Este evento es asociado al paso de una dorsal en altura.
Se recomienda tomar las precauciones pertinentes y estar atentos a la evolución del pronóstico en la página www.ceazamet.cl
El proyecto FRDP “Pronóstico de Temporada para Aguas Subterráneas” (Código BIP: 400075878-0) financiado por el Gobierno Regional de Coquimbo, tiene como objetivo crear una herramienta de pronóstico de temporada para cantidad de aguas subterráneas, generando una alerta temprana acerca del estado de los acuíferos caracterizados y modelados en los Sistemas Hidrogeológicos de Aprovechamiento Común (SHAC) piloto Elqui Medio y Elqui Bajo para apoyar la gestión de los recursos hídricos subterráneos y prevenir un agotamiento temprano de las aguas subterráneas o para tomar medidas de emergencia con una holgura de tiempo que permita gestionar acciones de ayuda/mitigación a nivel local.
El propósito del proyecto es apoyar la gestión de los recursos hídricos subterráneos y mejorar la toma de decisiones para prevenir el agotamiento temprano de los acuíferos o para tomar medidas de emergencia con una holgura de tiempo que permita gestionar acciones de ayuda/mitigación a nivel local en los SHAC Elqui Medio y Elqui Bajo
En este contexto, se desea subcontratar un servicio de levantamiento de información crítica para la modelación integrada de los recursos hídricos en los SHAC Elqui Medio y Bajo.
Según el último Boletín Climático de CEAZA (febrero 2026), los principales ríos de la región registran caudales muy por debajo de sus promedios históricos, consolidando un escenario que ya se extiende por siete años consecutivos.
Áreas verdes: la infraestructura invisible que enfría nuestras ciudades
Dr. Álvaro Salazar, climatólogo regional de CEAZA
En medio de la crisis hídrica que atraviesa la Región de Coquimbo, solemos pensar en soluciones como restringir el consumo o tecnificar el riego. Hoy, quisiera recordar que existe una herramienta poderosa, disponible y a veces subestimada: la vegetación nativa.
En ciudades del secano como Vicuña, Illapel, Salamanca y Ovalle (las más amenazadas por cambio climático en la Región) hemos observado diferencias de hasta 10°C en la temperatura superficial entre sectores con cobertura vegetal y zonas desprovistas de ella. Las imágenes satelitales lo muestran con claridad: dentro de una misma ciudad, como Ovalle, las áreas verdes pueden ser hasta diez grados más frescas que el entorno construido sin vegetación.
Este efecto no es casual. Las plantas funcionan como verdaderas “bombas de agua”: extraen humedad del suelo y la liberan a la atmósfera por medio de miles de millones de estomas – las células responsables de la transpiración en plantas. Ese proceso aumenta la humedad local, disminuye la temperatura y reduce la aridez, generando microclimas más frescos. En un escenario donde los modelos climáticos proyectan una disminución cercana al 40% en la precipitación promedio histórica regional, junto con menos nieve y más calor, este efecto cobra una relevancia estratégica.
No se trata de plantar cualquier árbol en cualquier parte. La clave está en la vegetación nativa, adaptada por miles de años a condiciones de escasez hídrica. Nuestra región cuenta con conocimiento técnico y capital humano para desarrollar diseños urbanos que combinen estética, identidad y eficiencia hídrica. Tenemos patrimonio natural y capacidad profesional: la Región de Coquimbo cuenta con 1.472 especies, 54% de las cuales son endémicas y de alto valor estético.
Pero nada de esto ocurrirá sin gobernanza. Necesitamos planificación metropolitana que levante un programa de domesticación y producción de especies de alto valor estético y resistentes a la seguía, coordinación entre municipios y una visión compartida sobre la imagen de ciudad que queremos proyectar.
Aunque la presencia de esta especie se ha registrado anteriormente frente a Chañaral de Aceituno, la persistencia observada en los últimos meses abre nuevas preguntas sobre las condiciones oceanográficas que podrían estar favoreciendo su permanencia en el sector.
Durante los últimos meses, la Reserva Marina Isla Chañaral, parte del Archipiélago de Humboldt y ubicada en el límite de las regiones de Coquimbo y Atacama, concentró la atención de científicos y guías locales. Desde septiembre de 2025, cachalotes comenzaron a avistarse de forma regular y continuaron observándose hasta la fecha (últimos avistamientos reportados los días 25, 26 y 27 de febrero). Un patrón poco habitual para una especie que, por lo general, es difícil de observar cerca de la costa. Se trata del mismo “leviatán” que inspiró la novela Moby Dick, un gigante de aguas profundas que destaca por su imponente apariencia y complejas estructuras sociales.
Estos avistamientos captaron la atención de la comunidad científica. Desde el Centro Científico CEAZA, su director ejecutivo y especialista en mamíferos marinos, Carlos Olavarría, señaló que como institución están interesados en investigar este fenómeno, en paralelo y de manera complementaria a los estudios oceanográficos que ya desarrollan en el archipiélago, los cuales podrían aportar antecedentes clave para comprender la presencia de cachalotes en la zona.
Para Constanza Rojas, profesional del Centro Científico CEAZA, este fenómeno debe analizarse con cautela, pero también como una oportunidad científica.
“En general no es tan común ver cachalotes cerca de la costa, ya que ellos prefieren profundidades de al menos 500 metros para encontrar sus presas, y suelen asociarse a fuertes pendientes de profundidad”, explica. Sin embargo, añade que la zona alrededor de Isla Chañaral presenta una particularidad clave: “Aquí hay una fuerte pendiente batimétrica a tan solo seis millas náuticas de la costa, lo que permite que estos animales accedan rápidamente a aguas profundas”. Esta característica convierte al sector en un punto potencialmente atractivo para cachalotes en búsqueda de alimento.
Sobre la presencia histórica de esta especie en el sector, Constanza Rojas señala: “En la zona alrededor de Isla Chañaral existen registros históricos del investigador Anelio Aguayo de cachalotes y en los años de turismo de avistamiento, se han observado ocasionalmente tanto machos como clanes de hembras y juveniles; sin embargo, desde septiembre del año pasado, los cachalotes se han avistado por mucho más tiempo en la zona”.
Constanza Rojas es bióloga marina, estudiante de doctorado en Biología y Ecología Aplicada de la Universidad Católica del Norte, Data Manager de Happy Whale, guía de avistamiento de cetáceos en Chañaral de Aceituno y además ha participado en campañas científicas de investigación sobre cachalotes en las islas Galápagos con la Universidad de Dalhousie
Surgencia, cañones submarinos y alimento disponible
El Archipiélago de Humboldt presenta una combinación poco frecuente de condiciones oceanográficas que permiten la presencia simultánea de distintos tipos de grandes cetáceos. Por un lado, los intensos procesos de surgencia costera inyectan nutrientes desde aguas profundas hacia la superficie, generando una alta productividad biológica. Esta productividad sostiene grandes concentraciones de krill, un pequeño crustáceo similar a un camarón, que constituye la base alimentaria fundamental de ballenas barbadas como la ballena fin, la ballena azul y la ballena jorobada.
Sin embargo, la presencia de cachalotes en la zona responde a un conjunto de condiciones distintas. A diferencia de las ballenas barbadas, los cachalotes son odontocetos, es decir, poseen dientes, y se alimentan de presas de gran tamaño como calamares y peces como el bacalao. Por esta razón, requieren de aguas profundas y la abundancia de krill por sí sola no resulta determinante para su presencia.
En el entorno de Isla Chañaral se combinan estos dos factores clave: una elevada productividad impulsada por la surgencia costera y sectores donde el fondo marino desciende rápidamente a profundidades superiores a los mil metros. En relación a la investigación del fondo marino, el Dr. Carlos Olavarría, director ejecutivo del Centro Científico CEAZA comenta: “Al estudiar ballenas en el Archipiélago de Humboldt, también realizamos investigación oceanográfica, que constituye uno de los componentes más relevantes del trabajo en el sector”.
En ese contexto, el Dr. Olavarría explica: “Hemos podido identificar y mapear con bastante precisión un cañón submarino ubicado al sur de Isla Chañaral, asociado a una parte importante de la presencia de ballenas fin en la zona. Sin embargo, también hay otro cañón que aparece por el lado norte de la isla, que presenta condiciones propicias para la presencia de cachalotes y precisamente, es el lugar donde los hemos visto últimamente”.
Esta cercanía entre áreas altamente productivas y ambientes profundos a poca distancia de la costa permite que especies con necesidades ecológicas distintas utilicen el mismo sistema, sumando nuevos antecedentes que refuerzan la peculiaridad del Archipiélago de Humboldt y su relevancia como uno de los lugares con más biodiversidad marina en Chile y Latinoamérica.
En cuanto al turismo, el especialista indica que los avistamientos han generado interés, pero que la observación de cachalotes presenta desafíos: “Estos animales bucean mucho, por lo que una embarcación puede pasar fácilmente hasta una hora esperando a que vuelvan a la superficie”, explica. Frente a este escenario, señala que desde la ciencia existe el interés de apoyar al sector turístico para que las experiencias sean efectivas y principalmente, responsables. Por ello, destaca el uso de herramientas como los hidrófonos para enriquecer la observación: “Los turistas van a estar escuchando a los cachalotes bajo el agua, van a saber que están ahí y van a estar más interesados en poder esperar”.
Registros acústicos
En este sentido, Constanza Rojas destaca los registros acústicos de cachalotes realizados en la reserva durante los últimos meses: “Pudimos registrar acústicamente clics de ecolocalización, lo cual corresponde a una especie de sonar biológico que les permite orientarse en la oscuridad de las profundidades, de forma similar a los murciélagos. Esto nos indica que los cachalotes se encuentran alimentándose en la zona y además permite obtener información clave sobre el número de individuos presentes y sus respectivos tamaños. ¿Cómo? El intervalo de tiempo ‘intra-pulso’ de los clics del cachalote es proporcional al tamaño de su cabeza y mediante una fórmula es posible estimar su tamaño corporal total. Así, con al menos diez minutos de audio, podemos saber cuántos individuos estaban presentes y de qué tamaño”, explica.
La cultura de los cachalotes: sociedades bajo el mar
Los cachalotes, al igual que otros cetáceos, destacan por una característica poco conocida fuera del ámbito científico: poseen cultura. Esto significa que los individuos, organizados en clanes culturales, aprenden conductas en base a la socialización, compartiendo conocimientos que se transmiten de generación en generación. Dentro de estos conocimientos se incluyen vocalizaciones únicas entre los distintos clanes, que funcionan de manera similar a los idiomas o dialectos de las sociedades humanas. Los grupos que conforman un mismo clan comparten un probable origen ancestral común, lo que hace que sus vínculos sean más estrechos entre sí que con los grupos pertenecientes a otros clanes.
Según la profesional del CEAZA, quien además es coautora del estudio “Integrating cultural dimensions in sperm whale (Physeter macrocephalus) conservation: threats, challenges and solutions”, enfocado en la cultura y conservación de los cachalotes, explica: “Cuando hablamos de cultura en el reino animal, hablamos de comportamientos y conocimientos que comparten un grupo de individuos, los cuales son transmitidos socialmente”.
“En esta especie, los sistemas sociales son particularmente complejos. Las hembras y los juveniles viven en clanes culturales liderados por hembras adultas, que habitan principalmente aguas ecuatoriales y subtropicales y que pueden agrupar a varias unidades familiares. Por otro lado, los machos, una vez alcanzada la pubertad, deben abandonar estos clanes y se dispersan por el océano. Así, comienzan una vida semi-solitaria, alimentándose hacia altas latitudes y sólo regresan a las zonas tropicales para aparearse”.
En este contexto, durante los últimos meses en el Archipiélago de Humboldt se registró la presencia de cachalotes machos en comportamiento de alimentación, lo que se alinea con el patrón de dispersión hacia altas latitudes que caracteriza a los individuos adultos de esta especie. Además, mediante técnicas de fotoidentificación, a partir de imágenes de sus aletas caudales (colas), fue posible reconocer a al menos 20 individuos distintos.
Imagen: SERNAPESCA
Los “idiomas” de los cachalotes
Al interior de estos clanes culturales, los cachalotes comparten y transmiten una serie de comportamientos que moldean su forma de comunicarse, alimentarse y relacionarse. Uno de los rasgos más distintivos es el uso de vocalizaciones conocidas como codas, secuencias de clics que cumplen una función comunicativa. Constanza explica que “las famosas codas son vocalizaciones de comunicación, compuestas por patrones de clics que suenan similar a una clave morse”, y que estos patrones conforman repertorios propios de cada clan.
Estas codas funcionan como verdaderos dialectos culturales. “Son como los idiomas, cada clan tiene un dialecto diferente con marcas distintivas”, señala la investigadora. Así, por ejemplo, el clan denominado “3R” se caracteriza por una coda identitaria de tres clics a ritmo regular, mientras que el clan “Plus One” incorpora una pausa y un click adicional al final de cada secuencia. Estas diferencias permiten distinguir clanes que incluso pueden habitar las mismas zonas sin interactuar entre sí.
Sociedades complejas
La cultura de los cachalotes también se expresa en sus estrategias de caza y en el uso del espacio. Las hembras adultas enseñan a sus crías dónde y cómo encontrar alimento, transmitiendo conocimientos sobre zonas de alimentación, patrones de movimiento y preferencias de hábitat a una escala muy fina. Según Constanza, “se han observado variaciones en la forma de cuidado de las crías entre clanes, así como en la estabilidad de las relaciones sociales”. Estos elementos refuerzan la idea de que la cultura en los cachalotes atraviesa múltiples dimensiones de su vida y no se limita únicamente a la comunicación acústica.
Además, se ha descubierto que estos comportamientos no dependen, por ejemplo, de su hábitat, ya que se han registrado clanes en un mismo lugar, con comportamientos y codas completamente distintas. Así lo explica la investigadora: “Estos clanes no necesariamente se separan geográficamente, algunos pueden vivir en las mismas zonas (clanes simpátricos), pero sin interactuar entre ellos. En el Pacífico Este, se han identificado 7 clanes culturales. Otro factor interesante es que estos clanes culturales no presentan diferenciación genética entre sí, por lo que sólo los podemos distinguir a través de sus vocalizaciones”.
La cultura de los cachalotes y su conservación
La cultura de los cachalotes no es solo un hallazgo llamativo, sino una pieza clave para entender cómo protegerlos. Así lo plantea el estudio “Integrating cultural dimensions in sperm whale conservation”, el cual propone que la conservación de esta especie debe considerar no solo a los individuos, sino también sus culturas.
“En los cachalotes, la cultura puede influir en su comportamiento incluso más que la geografía o la genética”, explica Constanza. Esto significa que distintos grupos pueden reaccionar de manera diferente frente a las mismas amenazas. En una especie donde machos y hembras llevan vidas muy distintas, este enfoque se vuelve especialmente relevante.
Mientras los machos suelen desplazarse hacia zonas australes y se exponen con mayor frecuencia a la interacción con pesquerías, las hembras y los juveniles permanecen en regiones más cálidas, donde enfrentan presiones asociadas a otras actividades humanas y a los cambios en las condiciones del océano. Así, comprender estas diferencias permite pensar en medidas de protección más ajustadas a la realidad de cada grupo.
“No se trata solo de proteger una población genética, sino también de resguardar la diversidad cultural dentro de una población, ya que los conocimientos que se transmiten son clave para su supervivencia”, destacó Constanza.
El aprendizaje como factor de supervivencia
El estudio muestra, además, que el aprendizaje compartido puede ser tanto una fortaleza como una debilidad. La investigadora menciona: “Por un lado, durante la época de caza ballenera en el siglo XVIII y XIX el éxito de la caza con arpón se fue reduciendo muy posiblemente debido al aprendizaje y posterior transmisión cultural de nuevas estrategias de defensa de los cachalotes. Por otra parte, algunos comportamientos aprendidos transmitidos culturalmente los pueden hacer más vulnerables al crear conflictos, como la interacción con las líneas de pesca de bacalao o jibia”.
Constanza subraya que cuando un clan cultural disminuye o desaparece, la pérdida no es sólo numérica. También se pierden conocimientos acumulados durante generaciones: “Si un clan cultural pasa por un declive poblacional, por ejemplo, tras la caza ballenera, no sólo pierden individuos y diversidad genética, sino también conocimientos ecológicos clave que no pudieron ser transmitidos, afectando su supervivencia. Esto podría explicar las bajas tasas de reproducción que tuvieron las poblaciones de cachalotes los primeros 15 años tras la caza”.
Los últimos avistamientos de cachalotes en la Reserva Marina Isla Chañaral no solo representan un fenómeno llamativo, sino también una oportunidad para profundizar en el conocimiento de una especie muy compleja. Comprender por qué estos gigantes de aguas profundas están utilizando este sector y cómo se relaciona su presencia con las condiciones oceanográficas locales, abre nuevas líneas de investigación científica y refuerza la importancia de estudiar ecosistemas únicos como el Archipiélago de Humboldt.
El climatólogo del Centro Científico CEAZA presenta un detallado análisis sobre las temperaturas extremas y sus causas, que se han experimentado en la capital de la Región de Coquimbo.
Existe la percepción de que este verano ha sido especialmente caluroso en La Serena ¿Qué se puede decir desde la ciencia?
“Según la estación meteorológica de La Serena ubicada en CEAZA, enero fue el segundo más cálido desde que hay registro. Entre el 23 y el 29 de enero ocurrió una ola de calor en La Serena que dejó un nuevo récord absoluto de altas temperaturas: el día 26 con aproximadamente 26°C en la estación y 35.5°C de temperatura superficial, una anomalía de +1.26°C respecto a la climatología histórica”.
¿Pero todo el verano ha sido caluroso?
“Así es, en diciembre incluso se superó a años extremadamente cálidos como El Niño de 2015-2016 y el Niño costero del año 2017 que dejó inundaciones catastróficas en la Región de Atacama. En diciembre ocurrieron 18 días con temperaturas mayor a 2°C sobre el promedio histórico. El día 21, la temperatura máxima fue de 23.9°C en la estación ubicada en CEAZA, en La Serena.
De hecho, algo que me llamó mucho la atención es que el profesor del Club de Tenis La Serena, Manuel Fredes, me dijo: “es la primera vez que me da insolación en 28 años enseñando tenis”. Esto fue el 23 de diciembre de 2025, cuando se registró el tercer día de una serie de días que dejarían a diciembre de ese año como el más cálido desde que hay registro (desde el año 2014 según la estación meteorológica de CEAZA, La Serena).
Sin embargo, si analizamos la temperatura superficial por satélite los valores en las canchas del Club de Tenis de La Serena alcanzaron los 34.5°C y se mantuvo sobre 30°C por varios días, lo que explica el caso de insolación del profesor Fredes”.
Av. del Mar de La Serena
¿Por qué se han presentado tan altas temperaturas en estos meses?
“El análisis científico en base a datos de NOAA, ERA5 y satélites, revela un mecanismo complejo de teleconexión océano-atmósfera que operó a escala regional durante el verano 2025-2026. Se trata de un calentamiento oceánico remoto. El factor más determinante no fue el océano costero frente a La Serena, sino una extensa región oceánica ubicada aproximadamente 800-1200 kilómetros al oeste de la costa, centrada en 79.5°W y 36°S (entre las islas de Juan Fernández y la costa continental). Esta zona presentó anomalías de temperatura superficial del mar (SST) de +1.06°C sobre el promedio histórico, las cuales explican el 55.1% de la variabilidad térmica registrada en La Serena. La dinámica temporal de esta anomalía se puede observar en la Figura 1”.
Figura 1. Serie temporal de la anomalía en la temperatura superficial del mar (SST, por sus siglas en inglés) para diciembre de 2025 y enero 2026. Video realizado con datos de NOAA OISST v2.1. Las zonas rojas corresponden a aquellas en que la temperatura fue varios grados superior al promedio histórico 1971-2000.
La correlación entre la temperatura de esta región oceánica remota y la temperatura en CEAZA fue extraordinariamente alta (r = 0.74, p < 0.01), muy superior a la correlación con aguas costeras locales. Esto demuestra que el calentamiento atmosférico en nuestra región no se origina localmente, sino que es transportado desde el océano abierto por masas de aire”.
Figura 2. Análisis de correlación entre la anomalía de la temperatura superficial del mar (SST) con la temperatura máxima en la estación meteorológica de CEAZA, La Serena. Las zonas de color rojo oscuro están altamente correlacionadas con mayores temperaturas en Coquimbo y La Serena (estrella roja). Las fechas muestran la dirección predominante del viento en los meses de diciembre 2025 y enero 2026 (datos de ERA5).
¿Hubo una ola de calor marina?
“Si bien las temperaturas oceánicas estuvieron significativamente elevadas (+0.85°C en zona costera, +1.06°C en zona remota), el análisis detallado utilizando metodología internacional estándar (Hobday et al. 2016) concluye que no se configuró técnicamente una “ola de calor marina” según criterios científicos, que requieren temperaturas sobre el percentil 90 durante al menos 5 días consecutivos. Las anomalías, aunque importantes y persistentes durante los 62 días analizados, se mantuvieron justo por debajo de este umbral crítico.
Esto es significativo: incluso sin alcanzar el estatus formal de ola de calor marina, las condiciones oceánicas anómalas fueron suficientes para desencadenar temperaturas atmosféricas récord en la región. Un verdadero evento de ola de calor marina podría tener impactos aún más severos”.
¿Estos eventos de altas temperaturas significan que los veranos serán más calurosos? ¿Habrá un calentamiento a largo plazo?
“El análisis de 40 años de datos satelitales (1986-2026) revela un factor adicional preocupante: existe una tendencia de calentamiento sostenido de +0.114°C por año en la temperatura superficial de las canchas del Club de Tenis. Esto implica que entre 1986 (cuando el profesor Fredes inició su carrera) y 2025, la temperatura superficial aumentó aproximadamente +4.4°C.
Esto explica porqué condiciones que hoy resultan “intolerables” no lo eran hace tres décadas: la línea base climática se ha desplazado significativamente. Lo que experimentó el profesor Fredes en diciembre de 2025 no es simplemente un evento extremo aislado, sino la manifestación de un “nuevo normal” térmico que se ha instalado gradualmente durante su carrera profesional”.
¿Existen más riesgo para salud de las personas ante las altas temperaturas?
“Mientras la estación meteorológica de CEAZA registró una temperatura máxima de 23.9°C el 21 de diciembre, los datos satelitales muestran que ese mismo día la temperatura superficial de las canchas alcanzó 34.5°C, es decir, 10.6°C más alta que el aire circundante. Durante la ola de calor de enero, cuando la estación registró el récord de 26.04°C, la temperatura superficial llegó a 35.5°C.
Esta diferencia es crítica para comprender el golpe de calor del profesor: la exposición humana durante actividad física intensa en superficies que superan los 34-35°C genera un estrés térmico acumulativo que supera ampliamente los índices de riesgo basados solo en temperatura del aire. La combinación de radiación solar directa, radiación reflejada por la cancha, y radiación térmica emitida por la superficie caliente, crea condiciones fisiológicamente peligrosas incluso cuando la temperatura del aire no parece extrema”.
¿El clima de la Región de Coquimbo será más cálido en el futuro?
“Según proyecciones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), las condiciones observadas en diciembre 2025-enero 2026 son consistentes con lo que se espera sea el clima “normal” de la región hacia 2050-2070 bajo escenarios de altas emisiones de gases de efecto invernadero. En otras palabras: lo que hoy consideramos un evento extremo, podría convertirse en la condición típica del verano en las próximas décadas.
Esto representa desafíos significativos para sectores como la agricultura (uva de mesa, paltas), recursos hídricos (glaciares, embalses), acuicultura (ostiones), salud pública, y actividades al aire libre. La adaptación a estas nuevas condiciones térmicas requerirá modificaciones en infraestructura, horarios de trabajo, protocolos de salud, y gestión de recursos naturales.
El caso del profesor Fredes —su primera insolación en 32 años de trabajo bajo el sol— es un indicador tangible de que hemos cruzado un umbral climático. Su experiencia profesional, iniciada en 1993, se desarrolló bajo un régimen térmico que ya no existe. El clima de hoy ya no es el de ayer, y el de mañana será aún más cálido”.
La Coronilla de fraile, se encuentra entre la Tercera Región de Atacama y la Cuarta Región de Coquimbo, siendo propia de la zona.
En medio de una crisis hídrica que afecta a la Región de Coquimbo, una solución emerge desde la propia naturaleza: apostar por generar áreas pobladas de vegetación nativa.
El meteorólogo de CEAZA, Tomás Caballero, detalló que “se pronostican temperaturas máximas por sobre lo normal para la época del año durante el lunes 16 de febrero en valles interiores de la región de Coquimbo. Localidades como Vicuña, Punitaqui, El Palqui y Salamanca podrían superar los 35°C durante la tarde de este día”.
Es un evento asociado al desarrollo de una vaguada costera y el paso de una dorsal en altura. Se recomienda tomar las precauciones pertinentes y estar atentos a la evolución del pronóstico en la página www.ceazamet.cl
Las temperaturas para cada localidad están a continuación:
En el Centro de Educación Ambiental CEAZA se conmemoró el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, destacando investigaciones científicas y proyectos artísticos liderados por mujeres.
El público pudo conocer de primera fuente el trabajo que se realiza en la región, con presentaciones que abarcaron desde la ecología hasta el arte textil. Claudia Hernández, encargada del Centro de Educación Ambiental de CEAZA, explicó que “quisimos destacar este día especial porque nos dedicamos a la ciencia, tenemos científicas en CEAZA y colaboramos con científicas de la región, y también quisimos resaltar el aporte del arte a la ciencia. La vinculación de la ciencia, el arte y la naturaleza es algo que nos inspira en este nuevo Centro de Educación Ambiental CEAZA”.
La artista visual Claudia Suárez presentó sobre su proceso creativo que la llevó a realizar la instalación textil “Relicta, herencia de la Camanchaca”, muestra que se encontrará abierta durante todo el verano en el Centro de Educación Ambiental de CEAZA. La obra evidencia cómo el arte y la ciencia pueden complementarse, ofreciendo nuevas formas de observar y comprender la naturaleza.“Son seis paños textiles de gran dimensión, cada uno intervenido con impresiones de especies que existen en el bosque de Fray Jorge, reflejando la riqueza y fragilidad de este ecosistema”.
En esta conmemoración estuvo presente Marcela Fernández, seremi de Ciencia de la Región de Coquimbo, quien destacó que el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia resulta fundamental para recordar que “la ciencia no tiene género y desde la ciencia se puede aportar desde las diferentes miradas que tenemos las personas. Es muy importante que más mujeres se incorporen a la ciencia, porque esto enriquece toda la labor científica de la región”.
Asimismo, el público que asistió conoció de primera fuente la labor de Alexandra Stoll, investigadora del Centro Científico CEAZA que presentó su charla “El viaje de los microorganismos del suelo y las redes de la vida”. Por su parte, Alejandra Troncoso, investigadora de la Universidad de La Serena y el IEB presentó “Plantas efímeras de Fray Jorge”. Jazmín Quiroz, investigadora de la Universidad de La Serena y el IEB presentó ¿Qué sabemos de los murciélagos de la Reserva de biosfera Fray Jorge?
Alejandra Troncoso,investigadora a cargo del sitio de estudio largo plazo de Fray Jorge entregó detalles sobre la flora efímera de Fray Jorge. “principalmente aspectos acerca de la fragilidad de la de los ciclos naturales de estas especies frente a los extremos climáticos típicos del ecosistema y el rol eh que tienen estas especies para sostener a otras especies dentro del sistema. Por ejemplo, pequeños mamíferos y artrópodos, así como depredadores mayores”. Temàticas que son abordadas en la “Guía ilustrada de plantas efímeras del Parque Nacional Bosque Fray Jorge”, en la que es una de sus autores.
Expositoras en el Día de la Mujer y la Niña en la CienciaAlexandra Stoll, investigadora del Centro Científico CEAZAClaudia Hernández, encargada del Centro de Educación Ambiental de CEAZAAlejandra Troncoso, investigadora de la Universidad de La Serena y el IEBClaudia Suárez, artista textil, creadora de la exposición “Relicta”Jazmín Quiroz, investigadora de la Universidad de La Serena y el IEB
Un estudio liderado por el investigador del Centro Científico CEAZA, Dr. Jaime Cuevas, revela que el principal humedal urbano de la Región de Coquimbo depende mayoritariamente de un canal de riego construido para la agricultura. La eventual pérdida de esta conexión invisible tendría consecuencias ambientales, urbanas, climáticas y sociales.