La investigación, con participación de CEAZA, está basada en modelación numérica y registros marinos frente a las costas de Aysén. Ésta revela que el gigantesco Manto de Hielo Patagónico alcanzó su máximo tamaño miles de años antes que los glaciares del hemisferio norte. Entender este “desfase” enriquece el conocimiento sobre la historia ambiental del sur de Sudamérica, además que resulta crucial para calibrar los modelos que predicen el cambio climático futuro.

Durante el último máximo glacial (hace entre 23 y 19 mil años), la geografía de la Patagonia no se parecía a la actual. “En lugar de bosques, ríos y estepas, había una enorme masa de hielo de 2 km de espesor, conocida como el manto de hielo patagónico. Cubría la mayor parte de los Andes meridionales entre Tierra del Fuego y Puerto Montt”, describe la investigadora del Centro Científico CEAZA, Dra. Irina Rogozhina.
En este contexto, hacia el Pacífico, el hielo llegaba hasta el borde de la plataforma continental, mientras que hacia el Atlántico formaba enormes lóbulos y lagos glaciares en lo que hoy es territorio argentino.
En este contexto, hacia el Pacífico, el hielo llegaba hasta el borde de la plataforma continental, la masa de hielo estaba contenida principalmente por la cordillera de los Andes y formaba enormes lóbulos y lagos glaciares en lo que hoy es territorio argentino.
A diferencia de lo que se creía tradicionalmente, esta enorme capa helada no creció al mismo tiempo que las grandes masas de hielo de Norteamérica o Europa.
Un reciente estudio publicado en la revista científica Nature Communications, liderado por los investigadores Andrés Castillo-Llarena, Matthias Prange e Irina Rogozhina, demuestra que los glaciares de las latitudes medias del hemisferio sur experimentaron su máximo esplendor entre 10.000 y 15.000 años antes que los del hemisferio norte.
Cómo ocurrió el desfase entre los mantos de hielo
De acuerdo a Rogozhina, la evidencia de los datos de geocronología glacial sugiere que los glaciares de montaña y las capas de hielo en el hemisferio sur eran más grandes durante las primeras etapas de la era glacial, unos 10 a 15 mil años antes que en el hemisferio norte.
Su verdadero apogeo ocurrió mucho antes, durante la denominada Etapa Isotópica Marina 3 (MIS 3, hace entre 60.000 y 29.000 años) y la MIS 4 (hace unos 70.000 años).
“Esto es algo que llama la atención, ya que la etapa MIS 3 fue un período de gran inestabilidad climática, con bruscas oscilaciones entre fases cálidas y frías a escala milenaria”, explica Irina.
Agregando que “las capas de hielo en el hemisferio norte casi desaparecieron durante este tiempo, excepto por partes de la enorme capa de hielo en América del Norte y, por supuesto, la capa de hielo de Groenlandia que todavía existe hoy. Por eso es sorprendente que la capa de hielo patagónica estuviera en su máximo durante este tiempo“.
El cálculo que permitió dar con esta reconstrucción
El equipo utilizó el modelo numérico de hielos SICOPOLIS, alimentado con datos paleoclimáticos de alta resolución extraídos de un núcleo de sedimento marino (el registro MR16-09 PC03) ubicado a unos 150 kilómetros de la península de Taitao, en la Región de Aysén.
Los resultados confirmaron que la Patagonia no tuvo un proceso glacial suave y lineal, sino que vivió dos grandes periodos de expansión interrumpidos por fases de avance y retroceso muy dinámicas.
¿Qué provocó que el hielo del sur se comportara de forma tan distinta al del norte? La respuesta está en los movimientos orbitales de la Tierra.
El estudio propone que la evolución del hielo patagónico responde a una métrica llamada Energía de Verano Integrada, un indicador que combina dos factores clave: la intensidad de la radiación solar estival y la duración de la estación de verano.
“La inclinación del eje terrestre (oblicuidad) regula cuánta radiación solar recibe cada hemisferio en verano. Una menor inclinación provoca veranos más fríos”, señala Rogozhina.
“Estimamos que la combinación de veranos más cortos con una menor radiación solar permitió una acumulación masiva de hielo en la Patagonia, siguiendo ciclos asociados a la oblicuidad terrestre de unos 40.000 años”.
Este patrón orbital no solo explica el caso patagónico, sino que muestra una fuerte coincidencia con los registros glaciares de otras regiones de latitudes medias del sur, como Nueva Zelanda, lo que sugiere la existencia de un mecanismo climático común para todo el hemisferio sur.
Los Andes meridionales representan uno de los mayores desafíos para los modelos climáticos globales debido a su compleja topografía y a la interacción de los vientos del oeste (westerlies). Dado que estos mismos modelos son la herramienta principal que utiliza la comunidad científica para proyectar el impacto del cambio climático antropogénico, probar su precisión frente a escenarios del pasado extremo es fundamental.
“Si los modelos climáticos globales logran reproducir con precisión los climas drásticamente diferentes del pasado, aumenta nuestra confianza en su capacidad para predecir cómo responderá cada región ante los cambios futuros”, concluye la Dra. Rogozhina. “Nuestros estudios sobre el manto de hielo de la Patagonia nos permiten evaluar esa capacidad e identificar qué aspectos del sistema climático regional debemos seguir mejorando”.


