De acuerdo al área de meteorología de CEAZA, se pronostica “un período de inestabilidad atmosférica con precipitaciones en las regiones de Coquimbo y Atacama entre el jueves 13 y el miércoles 19 de agosto, asociado al paso sucesivo de una vaguada en altura, un sistema frontal y posteriormente una baja segregada”.
Durante el jueves 13 y viernes 14 se mantendrían precipitaciones de intensidad variable principalmente en sectores cordilleranos y precordilleranos, mientras que en los valles interiores y sectores costeros se esperan precipitaciones débiles e intermitentes.
Durante la noche del sábado 15 ingresaría un nuevo pulso de precipitaciones por la provincia del Choapa, el cual avanzaría hacia el norte durante las horas siguientes, afectando posteriormente las provincias del Limarí y Elqui y alcanzando de manera más debilitada el sector sur de la Región de Atacama.
“El domingo 16 continuarían las precipitaciones de manera intermitente, principalmente en la Región de Coquimbo. Posteriormente, durante la mañana del lunes 17 ingresaría un nuevo pulso de mayor intensidad, con precipitaciones en ambas regiones que podrían mantenerse durante gran parte de la jornada”, destaca CEAZA.
Durante el martes 18 se esperan nuevas precipitaciones principalmente durante la tarde en la Región de Atacama, las cuales también podrían alcanzar sectores cordilleranos y precordilleranos de la provincia del Elqui. La inestabilidad podría mantenerse hasta el miércoles 19, especialmente en sectores de mayor altitud.
Durante este período se espera un descenso de la isoterma 0°C, ubicándose entre 2.200 y 2.700 m s. n. m. en la Región de Coquimbo y entre 2.500 y 3.000 m s. n. m. en la Región de Atacama, favoreciendo una mayor ocurrencia de precipitaciones en forma de nieve en sectores cordilleranos.
Debido a la inestabilidad atmosférica y al carácter convectivo que podrían presentar algunos de estos pulsos, no se descarta la ocurrencia de tormentas eléctricas y precipitaciones localmente intensas. Asimismo, la distribución e intensidad de las precipitaciones podría presentar una alta variabilidad espacial, generando diferencias importantes incluso entre localidades cercanas.
Se recomienda mantenerse atentos a la evolución del pronóstico en pronostico.ceazamet.cl y www.ceazamet.cl, y adoptar las precauciones pertinentes ante posibles precipitaciones intensas, actividad eléctrica y condiciones adversas en sectores cordilleranos.
La investigación, en la que participaron el Dr. Marcelo Rivadeneira, de la Universidad de La Serena y asociado a CEAZA, y el investigador de CEAZA, Pablo Oyanadel-Urbina, reconstruyó las condiciones del océano frente a Tongoy hace millones de años, revelando una alta productividad marina y nuevas claves sobre el cambio climático.
Comprender cómo funcionaban los océanos hace millones de años puede ser clave para anticipar los efectos del cambio climático sobre los ecosistemas marinos del futuro. Con ese objetivo, un equipo internacional de investigadores liderado por el Dr. Patrick Grunert, de la Universidad de Colonia (Alemania), reconstruyó las condiciones oceanográficas que existían hace entre 7,6 y 6 millones de años a partir de los sedimentos ricos en diatomeas de la Quebrada Las Salinas, ubicada en la Península de Tongoy, a unos 2,5 kilómetros de la actual línea de costa de la Región de Coquimbo.
La investigación, en la que se analizaron sedimentos pertenecientes a la Formación Coquimbo, se desarrolló en el marco del proyecto CRC 1211 “Earth-evolution at the dry-limit”, financiado principalmente por la Deutsche Forschungsgemeinschaft (DFG), con apoyo de proyectos ANID/FONDECYT chilenos.
El estudio reunió especialistas de la Universidad de Colonia, el GFZ Helmholtz Centre for Geosciences, la Universidad Austral de Chile, instituciones de España y Austria y la Universidad de La Serena, con contribuciones del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Äridas, CEAZA, contando con la participación del Dr. Marcelo Rivadeneira, del Centro de Investigación de Frontera de la USerena, y el paleontólogo Pablo Oyanadel-Urbina, investigador del Laboratorio de Paleobiología de CEAZA y gerente de Operaciones de Therium, empresa especializada en paleontología.
Los resultados del estudio, publicados en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, revelan que hace millones de años, la costa de Tongoy ya albergaba un sistema marino con niveles de productividad comparables a los de las actuales zonas de surgencia más intensas del planeta.
Con respecto a esto, el Dr. Rivadeneira señaló que “nuestro objetivo es hacer reconstrucciones paleoambientales y en este estudio nos adentramos en un sector de Tongoy, donde encontramos una capa de sedimentos marinos conocida como diatomitas, con una edad aproximada de entre 6 y 7 millones de años, lo que nos permite conocer cómo funcionaba el ecosistema marino de la corriente fría de Humboldt en ese entonces”.
Según el investigador, la extraordinaria abundancia de diatomeas y de esporas del género Chaetoceros, organismos característicos de aguas frías y ricas en nutrientes, permitió reconstruir cómo el afloramiento costero fue fortaleciéndose de manera progresiva, sentando las bases de la productividad que hoy distingue al Sistema de Corriente de Humboldt.
“La zona costera de la Provincia de Elqui, desde Tongoy hasta el Archipiélago de Humboldt, presenta afloramientos de sedimentos marinos de la llamada Formación Coquimbo, formación geológica que describió el mismo Charles Darwin, la que es extremadamente rica en fósiles, por lo que nos permite acceder a una ventana de tiempo de aproximadamente 11 millones de años hasta hace 2 millones de años antes del presente y encontrar pistas particulares sobre cómo funcionaban los ecosistemas marinos del pasado”, agregó.
El Dr. Rivadeneira también explicó que “esperábamos encontrar una productividad primaria muy baja, porque hace millones de años se tenían condiciones más bien subtropicales, pero fue todo lo contrario, lo que nos dice que el sistema marino de Humboldt, estaba empezando a tener niveles de productividad muy altos, incluso aunque no estaba formado en un 100%”.
Asimismo, el paleontólogo de CEAZA, Pablo Oyanadel, profundizó en el valor de los registros fósiles estudiados en Tongoy y en la información que estos pueden entregar, destacando que “las diatomeas y otros microfósiles son excelentes indicadores del ambiente marino, porque cada especie vive bajo condiciones específicas y requerimientos ecológicos específicos”.
En línea con esto, el gerente de Operaciones de Therium -empresa especializada en paleontología- aseguró que “con estos datos podemos estimar de manera conjunta la edad de los sedimentos y reconstruir cómo eran las condiciones del océano en el pasado, como la intensidad de la surgencia costera, la disponibilidad de nutrientes, la productividad biológica e incluso cambios en la temperatura y la cercanía a la costa”.
Ahondando en los hallazgos de la investigación, Oyanadel sostuvo que “uno de los resultados más interesantes del estudio, demuestra que los depósitos diatomaceos de Tongoy se formaron en distintos momentos y no durante un solo evento. Esto permite reconstruir con mayor precisión la evolución de la paleo bahía de Tongoy y entender mejor cómo fueron cambiando las condiciones geológicas y oceanográficas a lo largo del tiempo”.
El investigador también destacó que “ayuda a interpretar de manera más precisa la historia del Sistema de la Corriente de Humboldt y su influencia sobre la costa chilena durante el Neógeno”.
“Este estudio permite tener una base sólida una vez que interpretemos los paleoambientes de los organismos y poder conocer de mejor manera la fauna del pasado de la antigua costa de las Regiones de Coquimbo y Atacama”, añadió.
En cuanto a la metodología utilizada para llevar a cabo esta investigación, Oyanadel detalló que “para este estudio fue necesario integrar de manera sistemática y de una sola vez la información de diatomeas, magnetoestratigrafía y sedimentología para construir una cronología sólida y entender cómo se relacionaban los distintos depósitos”.
De acuerdo al experto, esto supuso un reto, ya que “los sedimentos marinos no siempre están depositados como capas únicas y continuas. Además, los estudios previos mostraban edades diferentes, dado que se utilizaban distintas metodologías y formas de muestreo y muchas localidades no estaban bien documentadas”.
Mirar al pasado, para tener un mejor futuro
Junto con aportar nuevos antecedentes sobre la evolución del Sistema de Corriente de Humboldt, los resultados de este estudio abren nuevas líneas de investigación y entregan herramientas para comprender cómo podrían responder los ecosistemas marinos en un escenario de cambio climático.
En relación a esto, el Dr. Marcelo Rivadeneira recalcó que “esto tiene directa relación con los estudios de cambio climático global, ya que esta ventana de tiempo, de hace 6 a 7 millones de años, es vista por la comunidad científica como un buen análogo de las condiciones climáticas que ocurrirán en el futuro, en un mundo más cálido, ya que es una prueba de cómo funcionó el ecosistema en condiciones similares”.
“Por eso es tan importante tener estas reconstrucciones, para saber si cuando se caliente el planeta y el océano, todavía sería tan productivo y aparentemente, la respuesta es que sí, por lo que eventualmente podríamos tener un sistema de Humboldt con condiciones más cálidas, pero aún con alta productividad”, enfatizó.
Además de esto, el investigador de la USerena afirmó que “este estudio ilustra la utilidad de los microfósiles para dar pistas climáticas, y aunque nosotros nos centramos especialmente en los niveles de productividad, también se podrían estudiar los cambios en temperatura y otros aspectos de las condiciones paleoceanográficas que estaban imperando en ese momento”.
“Este estudio es un primer peldaño de una escalera que tenemos que construir para saber exactamente en qué momento se activa este sistema hiper productivo de Humboldt. Por eso, necesitamos buscar otros sedimentos de distintas edades y evidencias para determinar si este sistema se originó hace 6, 7 o 10 millones de años”, insistió.
Sumado a esto, el Dr. Rivadeneira relató que “este tipo de estudios forma parte de un gran programa de investigación de colaboración internacional, para reconstruir las condiciones ambientales y la paleobiodiversidad, con el fin de entender cómo funcionaba el ecosistema marino antes del hombre y en un escenario climático más parecido al escenario futuro”.
“Uno de los temas que estamos investigando es si en esa época ya existían eventos de El Niño, ya que hay modelos climáticos que plantean que en un futuro con el océano más caliente, estos podrían ser más frecuentes o más intensos”, adelantó.
Análisis científico del megaevento de precipitación 16-21 julio 2026
Autor: Dr. Cristian Muñoz, modelador estadístico de Geociencias del Centro Científico CEAZA
Entre los días 16 y 21 de julio de 2026 ocurrió el megaevento de precipitación más importante en la región de Coquimbo en al menos los últimos 41 años. En las siguientes líneas se describe la dinámica del megaevento y su contexto de gran escala, así como algunos impactos asociados.
El contexto de escala sinóptica
Los seis días consecutivos con precipitación en la región de Coquimbo tuvieron su origen en una seguidilla de sistemas frontales que llegaron a la región (Fig. 1). Estos sistemas frontales se formaron sobre el océano Pacífico suroriental, en una región donde existió una angosta franja con una importante diferencia de temperatura entre sus lados sur (aire frío) y norte (aire cálido). Tal diferencia de temperatura, exacerbada por el calentamiento en la banda tropical, estuvo asociada a viento muy intenso en la alta tropósfera (a unos 8 km de altura) conocido como la “corriente en chorro”, la cual separa los márgenes de aire frío y cálido, y que cruzó todo el Pacífico sur hasta sobre la costa del norte chico de Chile.
Fig. 1: Situación sinóptica asociada al megaevento de precipitación en la región de Coquimbo, en donde se destacan los cuatro sistemas frontales que llegaron a la región junto con sus días de afectación y otros rasgos descritos en el texto. La imagen corresponde a las 08:00 hrs del jueves 16 de julio de 2026. La región de Coquimbo se destaca con el rectángulo verde. Adaptada desde carta sinóptica elaborada por la Dirección Meteorológica de Chile.
A diferencia de los sistemas frontales que pasaron por Chile antes de este megaevento, la seguidilla de sistemas frontales no pasó por su trayectoria habitual hacia el sur de Chile. Esto se debió a que al oeste de la península Antártica se formó una zona persistente de alta presión atmosférica, denominada “bloqueo”, que permitió exacerbar aún más el contraste térmico con latitudes tropicales al transportar aire frío en su margen oriental y, por otro lado, desviar la trayectoria de las tormentas hacia el norte. Lo anterior, sumado a un Anticiclón subtropical debilitado y desplazado hacia afuera de la costa chilena, permitió que los sistemas frontales no tuvieran oposición para llegar a la región de Coquimbo.
El contexto de gran escala: forzantes remotos
La formación de este bloqueo obedeció a la propagación de una onda planetaria impulsada desde el oeste de Australia y que se propagó por altas latitudes (Fig. 2). Por otra parte, la convección profunda en la zona de la fase 8 de la Oscilación de Madden – Julian (MJO) perturbó la atmósfera y gatilló la propagación de otra onda la cual, superpuesta con la onda excitada en asociación a la convección profunda sobre el Pacífico central ecuatorial en respuesta a la temperatura superficial del mar muy por sobre el promedio como parte de la fase El Niño, favoreció el desarrollo de los sistemas frontales que terminaron llegando a la región y al resto de la zona central de Chile. Así, la propagación de estas ondas resultó en áreas de alta y baja presión atmosférica que se distribuyeron alternadamente en la tropósfera alta desde latitudes tropicales hacia altas latitudes, siendo así posible identificar los nodos asociados al bloqueo sobre el oeste de la península Antártica (alta presión) y al desarrollo de los sistemas frontales costa afuera de la zona central de Chile (baja presión).
Fig. 2: Mapa de propagación de ondas planetarias que dieron origen al megaevento de precipitaciones en la región de Coquimbo. Tonos azulados indican áreas en donde estuvo favorecido el desarrollo de convección profunda, vinculados principalmente a una MJO en fase 8 y a la actual fase El Niño en el Pacífico central ecuatorial. Flechas indican la dirección de la propagación, alternando nodos de alta presión (A) y de baja presión (B) en la alta tropósfera, algunos de los cuales se asocian al bloqueo y al desarrollo de los sistemas frontales. Imagen adaptada desde la Agencia Meteorológica Japonesa (JMA).
Adicionalmente, la actividad convectiva intensificada en la banda tropical ha permitido aumentar la cantidad de vapor de agua que es arrastrada por los sistemas frontales en su camino hacia la zona central de Chile, configurándose así la llegada de un “río atmosférico” de categoría 4 en el momento de llegar a la región, la que se asocia a un transporte de vapor de agua de tal magnitud y persistencia que, incluso tres días antes del inicio del megaevento, se pronosticaba que tenía el potencial de tener un alto impacto (Fig. 3). Efectivamente, este megaevento desarrollado bajo condiciones favorables a la precipitación en Chile central, se posiciona como el más importante en términos de acumulación en al menos los últimos 41 años (Fig. 4).
Fig. 3: (Izquierda) Pronóstico de precipitación acumulada entre los días 14 y 20 de julio 2026 (sombreado) y máxima categoría de río atmosférico (RA) a lo largo de la costa (puntos coloreados). (Derecha) Evolución del nivel de la isoterma cero y del transporte de vapor de agua durante el megaevento en La Serena, identificando la temporalidad en la que RA alcanza la categoría 4. Figuras en base a simulación GFS inicializada a las 20:00 hrs del 13 de julio, elaboradas por el Instituto Argentino de Nivología y Glaciología (IANIGLA) .
La llegada de este río atmosférico con una orientación principal desde norte a sur a lo largo de la costa favoreció que el nivel de la isoterma cero durante el megaevento se mantuviera por debajo de los 3000 m en la región, permitiendo así la acumulación de nieve en la cordillera.
Fig. 4: (Izquierda) Histograma de probabilidad de ocurrencia de montos de precipitación acumulados en seis días en La Serena, destacando megaeventos más importantes. La línea roja representa ajuste según distribución Gamma. (Derecha) Probabilidad de no excedencia de montos de precipitación acumulados en seis días de acuerdo al ajuste. Diagramas elaborados a partir de precipitación diaria en el aeródromo de La Florida entre 1985 y 2025, registrada por la Dirección Meteorológica de Chile.
Los impactos del megaevento y proyección hacia el futuro
Las precipitaciones asociadas a este megaevento han sido de tal magnitud que en varios puntos de la región la cantidad de agua caída durante estos seis días ha más que duplicado el total anual climatológico (es decir, el total anual promedio entre 1991 y 2020). Esto explica la activación de quebradas y daños en la infraestructura vial en respuesta a la precipitación sobre suelo semiárido que tras las primeras horas del megaevento ya se encontraba saturado. No obstante lo anterior, uno de los aspectos positivos de este megaevento fue la recarga de embalses, en cuanto la capacidad regional embalsada pasó desde 10% a principios de mes a 39%, dándose los mayores incrementos porcentuales en los embalses Recoleta (+90%), Cogotí (+68%) y Culimo (+65%). Estas cifras, sumadas a la cantidad de agua equivalente almacenada en la nieve caída, permiten dar un respiro a la actual sequía pensando en la próxima temporada seca.
Sin embargo, la desertificación de la región asociada al cambio climático es un proceso que se estima que continuará durante los próximos años, lo que, sumado a las proyecciones de que este tipo de megaeventos serían más frecuentes hacia el futuro, hace necesario mantenerse preparados para afrontar este tipo de amenazas y al mismo tiempo, continuar con la gestión cautelosa de los recursos hídricos.
El Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA) invita a postular al cargo de Técnico/a de Monitoreo Meteorológico y Estaciones Ambientales, para integrarse al Laboratorio de Monitoreo y Meteorología CEAZAMet, en jornada completa y con base en la ciudad de La Serena.
El área meteorológica de CEAZA pronostica precipitaciones en las regiones de Coquimbo y Atacama entre el martes 11 y el lunes 17 de agosto, asociadas al paso de una vaguada en altura.
Desde el centro científico precisan que el evento se presentaría en dos pulsos principales de precipitación, separados por un período de precipitaciones más débiles e intermitentes.
“El primer pulso se desarrollaría entre el martes 11 y el miércoles 12 de agosto. Las precipitaciones comenzarían durante la tarde del martes en sectores cordilleranos de ambas regiones, extendiéndose posteriormente hacia sectores precordilleranos, valles interiores y parte de la costa”, indica Tomás Caballero, meteorólogo del Centro Científico CEAZA.
“La mayor intensidad de este primer pulso se espera durante el miércoles 12, con los mayores acumulados concentrados principalmente en sectores precordilleranos y cordilleranos, y con montos más importantes en la Región de Atacama. En la provincia del Choapa se esperan precipitaciones de menor magnitud”, agrega el especialista.
Durante el jueves 13 y viernes 14, las precipitaciones se mantendrían de manera intermitente y, en general, con intensidades débiles.
Posteriormente, un segundo pulso de precipitaciones ingresaría durante el sábado 15 y se extendería hasta el lunes 17 de agosto. Las precipitaciones durante este período también presentarían un comportamiento intermitente, esperándose las mayores intensidades durante los días sábado 15 y domingo 16.
Durante el primer pulso, el nivel de la isoterma 0°C se ubicaría entre los 3.000 y 3.500 m s. n. m., valores elevados en comparación con los sistemas de precipitación típicos que afectan esta zona. Esta condición favorecería la ocurrencia de precipitaciones líquidas en sectores cordilleranos donde habitualmente se registra nieve. Para el segundo pulso se espera un descenso de la isoterma 0°C, ubicándose entre los 2.500 y 3.000 m s. n. m. en la Región de Coquimbo y entre los 2.700 y 3.200 m s. n. m. en la Región de Atacama.
Debido al carácter convectivo del evento, no se descarta la ocurrencia de tormentas eléctricas y precipitaciones localmente intensas. La distribución e intensidad de las precipitaciones podría presentar una alta variabilidad espacial, generando diferencias importantes incluso entre localidades cercanas.
La elevada isoterma 0°C, especialmente durante el primer pulso, implicaría una mayor proporción de precipitación líquida en sectores de precordillera y cordillera. Esta condición, sumada al posible derretimiento de nieve preexistente, podría favorecer aumentos de caudal y la activación de quebradas.
El Dr. Antonio Maldonado, investigador de CEAZA, explica sobre evidencias arqueológicas y paleoambientales de algunos puntos del país para comprender cómo las comunidades humanas respondieron a cambios climáticos ocurridos durante el Holoceno. Las conclusiones muestran que la adaptación fue una constante, pero también que tuvo límites.
¿Cómo respondían las antiguas sociedades cuando el clima cambiaba drásticamente? ¿Qué ocurría cuando la disponibilidad de agua disminuía o un territorio dejaba de ofrecer los recursos necesarios para subsistir?
La investigación muestra que las variaciones climáticas han sido una constante durante el Holoceno, período que comenzó hace aproximadamente 11.700 años. A través del estudio de registros ambientales y arqueológicos en zonas como Los Vilos, el desierto de Atacama y la Patagonia, donde identificaron distintas estrategias de adaptación implementadas por las comunidades humanas frente a períodos prolongados de estrés ambiental.
“Todos los casos muestran que existe resiliencia, pero solo hasta cierto punto. Hoy tenemos muchas más herramientas tecnológicas para mantenernos en los mismos lugares. Pero probablemente llegará un momento en que ya no serán suficientes. Hoy escuchamos mucho que la tecnología solucionará todos los problemas. ¿Hasta qué punto?”, señala Maldonado como una de las principales reflexiones en el tema.
Dr. Antonio Maldonado
Zona norte y períodos de aridez
“Lo que muestra el registro ambiental comparado con el arqueológico es que llega un momento en que la estrategia deja de funcionar y hay que cambiar. Por ejemplo, en el desierto de Atacama se desarrolló agricultura en la Pampa del Tamarugal durante periodos de mayor humedad”, describe el especialista.
No era un periodo constantemente lluvioso; había variabilidad. Aun así lograron mantener esos sistemas. Cabe destacar, sin embargo, que durante el periodo de mayor aridez la Pampa del Tamarugal aparentemente quedó deshabitada, evidenciando que hay condiciones en que la humanidad está obligada a migrar.
Según Maldonado, existe una memoria cultural. “Hace unos 150 años hubo un periodo un poco más húmedo y la gente volvió a ocupar esos espacios para sembrar. Hay relatos de familias que bajaban a instalarse nuevamente. Incluso existen sitios arqueológicos donde aparecen campos de cultivo mucho más recientes construidos sobre ocupaciones prehispánicas”, detalla.
Por otro lado, en la costa de Los Vilos, durante períodos de mayor aridez los grupos cazadores-recolectores ampliaron sus áreas de movilidad, fortaleciendo sus vínculos con los valles interiores y la cordillera para diversificar la obtención de recursos.
“Durante esos periodos se ve más conexión con los Andes y con los valles interiores. En periodos previos todo parece ocurrir pegado a la costa. Entonces, una posible hipótesis es que, en este periodo de estrés ambiental, las sociedades están complementando su vida y la obtención de recursos con relaciones hacia el interior. Quizás la costa ya no es suficiente para mantenerse y tienen que ampliar su rango de movilidad y su nicho”, explica.
El caso de la Patagonia
En la Patagonia también se registran modificaciones en los patrones de ocupación del territorio asociadas a cambios en el paisaje.
“En el extremo sur vimos un caso un poco opuesto. En un momento en que hay una abertura del bosque, lo que indica el registro de polen fósil, las sociedades que viven en la estepa patagónica entran más hacia el oeste. No sabemos si la gente quería entrar más al oeste y abrió el bosque, o si el bosque se abrió por una condición natural y la gente aprovechó esa abertura”, indica Maldonado.
En suma, estos casos muestran que las comunidades fueron capaces de ajustar sus estrategias frente a escenarios cambiantes, aunque esa resiliencia no era ilimitada. En este sentido, comprender cómo respondieron las antiguas sociedades frente al estrés ambiental permite poner en perspectiva los desafíos actuales y fortalecer la toma de decisiones en un contexto de creciente variabilidad climática.
El meteorólogo de CEAZA, Tomás Caballero, indica que “se pronostican precipitaciones en las regiones de Coquimbo y Atacama entre el martes 11 y el miércoles 12 de agosto, asociadas al paso de un núcleo frío en altura”.
Las precipitaciones comenzarían durante la noche del martes 11 y se extenderían hasta las últimas horas del miércoles 12. Debido al carácter convectivo del evento, no se descarta la ocurrencia de tormentas eléctricas y descargas.
Debido a que aún faltan varios días para el inicio del evento, las proyecciones podrían presentar cambios en cuanto a intensidad, duración, distribución espacial y montos acumulados. Por ello, se recomienda mantenerse atentos a la evolución del pronóstico en pronostico.ceazamet.cl o www.ceazamet.cl y adoptar las precauciones necesarias ante la posibilidad de precipitaciones localmente intensas y actividad eléctrica.
El océano y la atmósfera mantienen un intercambio constante de gases, entre ellos el dióxido de carbono (CO₂), uno de los principales responsables del cambio climático.
La entrevista aborda un reciente estudio liderado por la Dra. Ángela Bahamondes Domínguez, postdoctorante del Centro Científico CEAZA, que analizó cómo este intercambio podría cambiar frente a las costas de Chile durante las próximas décadas bajo distintos escenarios de cambio climático.
Por el Dr. Antonio Maldonado, investigador del Centro Científico CEAZA
Mientras observamos ríos crecidos, embalses recuperándose y cerros nuevamente verdes, es fácil pensar que el agua ha regresado para quedarse. Pero la historia del territorio cuenta algo distinto.
Los registros ambientales y arqueológicos muestran que el clima siempre ha cambiado. Chile ha atravesado largos periodos de mayor humedad y también extensos ciclos de aridez. Sin embargo, estos procesos se miden en siglos o incluso milenios, contrario al que vivimos actualmente caracterizado por la velocidad acelerada en que estamos observando cambios en el ambiente.
Mirar el pasado permite comprender cómo respondieron quienes habitaron este territorio antes que nosotros. Las sociedades cazadoras-recolectoras modificaban sus rutas, ampliaban sus áreas de movilidad y diversificaban la obtención de recursos cuando el ambiente cambiaba. En otros lugares, simplemente abandonaban aquellos espacios que ya no podían sostener la vida. La adaptación existía, pero no era infinita.
Esa quizás sea una de las lecciones más relevantes para el presente.
Con frecuencia depositamos nuestra confianza en que la tecnología resolverá cualquier desafío ambiental. Frente a la escasez hídrica pensamos en desaladoras; frente a nuevas demandas, en más infraestructura; frente a cada crisis, en una solución técnica que permita mantener intacta nuestra forma de habitar el territorio. La innovación es una herramienta indispensable, pero también es válido preguntarse hasta dónde puede reemplazar los límites que impone la naturaleza.
Las sociedades del pasado no disponían de nuestra tecnología, pero sí comprendían que, cuando un ecosistema dejaba de sostenerlas, debían modificar su forma de vivir. Nosotros, en cambio, solemos intentar que el ambiente se adapte a nuestras necesidades antes que adaptar nuestras decisiones al ambiente.
Las lluvias de este invierno representan un superávit de agua. Alivian una sequía prolongada, recargan acuíferos y entregan un respiro a los ecosistemas. Pero convertirlas en una señal de que el problema terminó sería repetir un error que nace de observar solo el presente.
Quizás el verdadero aprendizaje no está en preguntarnos si este fue un año lluvioso o seco, sino en desarrollar una mirada más amplia. Una que entienda que el clima cambia, que hay variabilidad climática de corto y largo plazo,que las sociedades también cambian y que la resiliencia, como muestra la historia ambiental de Chile, siempre tiene un límite.
El área de meteorología del Centro Científico CEAZA informa que se pronostican precipitaciones de lluvia y nieve en la Región de Coquimbo durante el viernes 31 de julio, asociadas al paso de un sistema frontal.
Las precipitaciones comenzarían durante la mañana del viernes y se extenderían hasta la noche del mismo día, con las mayores intensidades previstas entre las 12:00 y 18:00 h.
El sistema también podría estar acompañado de viento moderado a fuerte. En sectores costeros se esperan rachas entre 60 y 80 km/h, mientras que en los valles interiores podrían alcanzar entre 50 y 60 km/h.
El nivel de la isoterma 0°C se ubicaría entre los 2.000 y 2.500 m s. n. m., por lo que podría registrarse nieve desde aproximadamente los 1.800 m s. n. m. en sectores cordilleranos.Se recomienda tomar las precauciones pertinentes y mantenerse atentos a la evolución del pronóstico durante los próximos días.
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